14 de agosto de 2010

Scene20: 2.- Soledad

- Las ocho y media - pensó Yoko mirando el reloj de la caja registradora - Es hora de ir cerrando.
Como cada noche, Yoko se aseguró de que la gente había salido de la tienda y bajó la persiana a media altura. Recogió y ordenó la tienda, cuadró caja y echó un último vistazo para asegurarse que no se dejaba nada antes de salir.
- Viernes... Mañana no me toca venir - a Yoko le gustaba trabajar en la tienda, estaba en una zona tranquila y la ropa era increíblemente bonita. Además, le hacían descuento. Aun así, se alegraba si no le tocaba trabajar al día siguiente.
Perdida entre sus pensamientos, Yoko entró en el bar de la esquina para comprar su cajetilla de tabaco y se dispuso a encenderse un cigarrillo para el camino. Le apetecía andar, la brisa le refrescaba el rostro y le aliviaba el calor. Mientras atravesaba el parque de detrás de la parada del autobús se percató de que había un grupo de jóvenes de su edad hablando sentados en un banco. Se los quedó mirando pensativa mientras caminaba en dirección a ellos. Los chicos parecían hablar de música. Uno de ellos sostenía una guitarra acústica entre sus brazos e intentaba tocar una melodía que a Yoko le resultaba conocida.
- Menudo patán - pensó - no toca ni dos notas seguidas bien... ¿Qué canción es? - Por más que pensó, no recordaba dónde la había oído.
Pasó por su lado y de pronto sintió un déjà vu: la brisa, el olor a césped recién regado, la sensación de verano, el cigarrillo y las notas de aquella guitarra le hicieron dar un salto en el tiempo. Se vió de nuevo en Londres, con Kannen, Mark y Gary sentados en un banco del St. James Park tocando la guitarra, cantando y fumando. Aquella canción era la preferida de Mark, el cantante del grupo de Kannen. Sintió un escalofrío por todo el cuerpo y se le llenaron los ojos de lágrimas. Desde que había llegado a Barcelona, Yoko se había prohibido pensar en Kannen, porque sabía que cuanto más pensara en él, más ganas tendría de volver a Londres para verlo. La chica apretó el paso para llegar a casa cuanto antes. Ahora se arrepentía de no haber cogido el autobús.
- No debo pensar en él - se repetía una y otra vez. Yoko se había propuesto luchar contra la soledad que sentía y no es tarea fácil. A pesar de lo a gusto que se encontraba en Barcelona y las amigas que había hecho aquí, seguía pensando cada día en volver. Algo que por desgracia, no podía hacer.
- ¿Por qué no vino conmigo? - Mientras entraba en el ascensor del bloque, Yoko se miró en el espejo - ¿Por qué me condenó a estar sola?

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